Una vez leí que "si uno no ama el lugar donde nace es difícil que ame otra cosa", y en mi caso, yo adoro el lugar en el que vivo. Y no sólo por la tranquilidad de ver montañas o animales por la ventana, por no oir ni un ruido por la noche más que los ladridos o maullidos de perros o gatos.
Si no porque además de todo eso, la villa en la que vivo es todo arte, cultura. Paseo por sus calles un día cualquiera como hoy donde no encuentras un turista y están todas las tiendas cerradas, y te trasladas a otra época, te olvidas de tus preocupaciones, agobios,... te relajas.
Y si, seguro que habéis adivinado que vivo en Santillana del Mar, esa maravillosa villa medieval con la que cuenta Cantabria.
Y de allí mis primeros aprendizajes, mis primeras experiencias, vivencias.
Probablemente cuando pensais en esta villa, teneis el recuerdo de un bonito paseo de tarde de domingo comiendo leche con bizcocho.
Para mí Santillana de Mar, es una parte importante de
mi vida. Recuerdo correr por esas calles empedradas, magullarme las rodillas dejando parte de mi sangre manando entre los huecos entre las piedras. Me emocionan todos los escondrijos y rincones secretos entre calles donde contaba confidencias a mis amigas o a un primer amor. Adoro pasear sola de noche por las sombrías calles sintiendo la lluvia sobre mí, sobre las calles, sobre el ambiente...
mi vida. Recuerdo correr por esas calles empedradas, magullarme las rodillas dejando parte de mi sangre manando entre los huecos entre las piedras. Me emocionan todos los escondrijos y rincones secretos entre calles donde contaba confidencias a mis amigas o a un primer amor. Adoro pasear sola de noche por las sombrías calles sintiendo la lluvia sobre mí, sobre las calles, sobre el ambiente...
Sé pasar tardes y tardes observando a la gente. Siendo consciente de las diferentes personas que hay en el mundo: de color, con los ojos rasgados, rubios con calcetines y chanchas,... Y de aqui viene una de mis grandes aficiones: adoro sentarme como lo hacia en mi pueblo de pequeña, en cualquier lugar a observar gente. Ya sea tumbada en les champs de Mars en Paris como en uno de los bancos del corte inglés. Podría poner mil imágenes de mi pueblo, pues todas me parecen maravillosas pero os invito a que lo visiteis y os embriagueis de su encanto.
Por cierto, Navidad es buena época, y si, no os importan las aglomeraciones y quereis ver una de las mejores cabalgatas de reyes que hay en el mundo (es de interés turístico regional) animaos, porque no tiene despercicio (que voy a decir yo, que es mi pueblo jejeje).


